Uruguay estuvo entre los mayores focos de inversión forestal en 2009.
Dos de los 10 mayores negocios de la industria a nivel mundial tuvieron al país como escenario, según un informe de PWC. (Diario El Observador)
América Latina centra el interés de las grandes firmas mundiales y el país resulta competitivo. “En los últimos cinco o seis años, Uruguay emergió como la próxima frontera para la producción de pulpa de celulosa en América del Sur, y como uno de los destinos de inversión preferidos por empresas europeas”, señala un informe internacional elaborado por la consultora PricewaterhouseCoopers al que accedió El Observador. No se trata únicamente de que el mismo árbol tarde menos tiempo en crecer en suelo uruguayo que en europeo –característica que comparte con buena parte de la región–, sino también del clima de negocios que el país posee y la mano de obra calificada y competitiva que ofrece como diferencial.
A pesar de la crisis y de un fuerte retroceso en los precios internacionales, Uruguay participó en el último año en dos de los 10 negocios más importantes del sector forestal a nivel del mundo.
“En los últimos cinco o seis años, Uruguay emergió como la próxima frontera para la producción de pulpa de celulosa en América del Sur, y como uno de los destinos de inversión preferidos por empresas europeas”, señala un informe internacional elaborado por la consultora PricewaterhouseCoopers al que accedió El Observador, donde recoge las principales transferencias de activos realizadas por empresas forestales en el mundo durante el último año.
La transferencia de los activos del grupo Botnia a la empresa finlandesa UPM, por US$ 1.173 millones en el mes de octubre; y la asociación de la finlandesa Stora Enso con la chilena Arauco para hacerse con las operaciones y proyectos de ENCE en Uruguay –valuados en US$ 344 millones – hacen de él uno de los destinos más relevantes para la inversión forestal y papelera.
La magnitud de los negocios realizados en el país durante el último año dentro de la industria forestal “pone definitivamente a Uruguay en el mapa, con una presencia más que resaltable en el sector”, dijo a El Observador el socio de PricewaterhouseCoopers responsable del sector en Uruguay, Daniel García.
El desarrollo de la industria forestal en el país se da en el marco de un crecimiento general del sector, focalizado en América Latina. En los hechos, de los 10 negocios más importantes del año, la mitad tuvo lugar en la región.
“Latinoamérica fue la región donde hubo más transacciones porque es el punto de foco de todas las empresas del sector. Es donde están los nuevos proyectos, los más interesantes desde el punto de vista de la rentabilidad y los proyectos más modernos”, explicó García.
En ese contexto, Uruguay se inserta como una opción “muy competitiva”, según el experto. No se trata únicamente de que el mismo árbol tarde menos tiempo en crecer en suelo uruguayo que en europeo –característica que comparte con buena parte de la región–, sino también del clima de negocios que el país posee y la mano de obra calificada y competitiva que ofrece como diferencial.
Un diferencial. El efecto económico y social que consiguen estos proyectos –la instalación de una planta de celulosa genera un impacto de 2% del Producto Bruto Interno (PBI), cerca de US$ 1.000 millones adicionales de exportaciones y la creación de más de 5.000 empleos permanentes– genera una competencia entre los países por atraer capitales desde el hemisferio Norte.
En ese sentido, García resaltó la manera en la cual los distintos gobiernos manejaron las inversiones forestales. “Ha sido una forma de encarar los proyectos y que está muy bien vista por las empresas porque no es común que a la hora de negociar se sienten frente al ministro o al propio presidente”, agregó.
El manejo de la inversión forestal de manera centralizada, a través de una “ventanilla única”, se constituye como un diferencial para Uruguay que es reconocido por las empresas del sector. “Se genera un ámbito que no es nada menor, es muy importante como señal del país a las empresas”, afirmó García.
En una economía como la uruguaya, un proyecto que supera los US$ 2.300 millones, como el que supone la instalación de la planta de celulosa en Punta Pereira anunciado por Montes del Plata –joint venture entre Stora Enso y Arauco–, tiene un impacto mucho mayor que en economías más grandes. “El tamaño del país termina siendo una ventaja competitiva para Uruguay”, señala el experto. De modo que el país está dispuesto a adjudicarle una mayor prioridad y esfuerzos políticos más considerables para que estas iniciativas salgan adelante.
Después de la CRISIS. El sector forestal atravesó el bajón de la demanda sin mayores inconvenientes. Si bien los balances se vieron afectados por una caída de los rendimientos a partir de un pronunciado retroceso de los precios, las perspectivas a futuro son auspiciosas.
“En un sector como este, los horizontes de rentabilidad son a largo plazo. Las coyunturas de crisis son cíclicas y el sector de alguna manera las amortigua y las supera. Hoy los precios ya están prácticamente a los niveles precrisis; y la industria forestal es un sector que crece y sigue muy pujante”, concluyó García.
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